viernes, 12 de octubre de 2007

Los diez leprosos (Lc XVIII, 11-19)

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario 12-10-07 (Ciclo C)


Lectura del santo Evangelio según san Lucas (17, 11-19)


Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: « ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, Jesús les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y en el camino quedaron curados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: « ¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?» Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».


Palabra del Señor.



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Si tuvierais el don de la fe...Esto es lo que nos dice el Señor a través del evangelista Lucas. Si tuviéramos fe podriamos mover una montaña, como señalaba domingos atrás el mismo apóstol.

Acá nos incita a lo mismo: acrecentar la fe.


Pero hoy nos dice "cómo".


La fe se acrecienta: 1º reconociéndo a Dios como el "Salvador" y como el "Maestro". Él nos salva, él nos guía. Los leprosos lo llaman así: "Jesús -que significa Salvador- ¡Maestro!"

2º Reconociéndo su amor por nosotros. Su amor más divino es su Misericordia. Lo sleprosos agregan: "Ten misericordia de nosotros".

Al comenzar la Misa, decimos -o debemos decir- esto mismo: reconocer a Dios como el Salvador y el Maestro, y luego apelar a su Misericordia. Ojalá lo hiciéramos a gritos, por las calles, como lo hacen los leprosos, que no les da verguenza gritarle "salvador" y "maestro", aún arriesgando ser castigados, proque en esa época a los leprosos se les prohibía acercárse a la gente así no más.

Pero su fe es más grande, su fe los hace gritar, y los hace gritar ¡salvador y maestro!


Pero Lucas nos muestra algo más.

Hay dos clases de "fe". La primera es la que tiene todo hombre de buena voluntad, que es la de confiar en lo que es confiable. Como cuando un amigo me dice que está por pasar frente a mi casa, y yo salgo afuera a esperarlo. Ahí hay fe, una fe natural, bonita, pero natural.

Ésta es la fe de los leprosos, que cuando Jesús les dice: "vayan donde los sacerdotes", ellos van, Creer, obedecen, cumplen, confían. Esa es una actitud muy digna, muy elevada, que pocos tienen hoy en día. Lucas pone a unos leprosos en ésta enseñanza, no sin razón: los leprosos eran -además de ser enfermos- samaritanos, o sea, no judíos, lo que los alejaba aún más de Jesús. A los leprosos se les alejaba de la gente, por eso gritan de lejos, y además eran samaritanos, Jesús caminaba entre judíos, y es conocida su enemistad. Pero ellos sobrepasan toda distancia con Jesús, con Dios, y QUIEREN acercárse a Él. Hacen lo que sea, arriesgan lo que sea: ¡vaya ejemplo el que tenemos acá!


Y como tales hombres, valientes por amor a Dios, le obedecen y parten en camino a los sacerdotes a sanarse. Pero fijarse: Jesús los sana antes que lleguen donde los sacerdotes, es decir ¡no se aguanta el amor por esos hombres que han demostrado que le aman, que han demostrado que quieren a Dios, lo quieren buscar, se quieren acercar a Él!

Pero parece que esto no basta en la espiritualidad cristiana.


No se trata sólo de buscar a Jesús, sino de encontrarlo, como decía San Bernardo.

Ellos lo buscaron, lo encontraron, incluso, pero no se quedaron con Él, no regresaron a Él.

El único leproso que llega donde jesús es el que nos enseña el segundo tipo de fe


El segundo tipo de fe es la fe sobre natural. La fe de los santos, de los que son salvos, de los que se salvan. Asi lo dice el texto: "vete, está sañvado". No sólo le dió Jesús el premio por haber sido fieles, por buscarlo, por ser valientes, arriesgados, que era el premio físico, natural, buenísimo, pero natural: la salud del cuerpo.

Al que regresó a "dar gracias y gloria a Dios", a ese Jesús no sólo le dió la salud del cuerpo, sino que ¡lo salvó!.

El segundo tipo de fe es el que atribuye todo lo bueno a Dios, lo agradece y gloría a su Dios. Ese es el santo. Y nosotros debemos querer ser santos. Debemos fijarnos en el leproso samaritano que volvió a los "pies de su Dios". No al que lo buscó, lo encontró, peor no se quedó con Él.


Si tuviéramos fe como éste leproso, podriamos ser salvos.

La fe es un don que se pide. Pidamosle a Dios, por medio de Nuestra Señora del Pilar, que nos dé más fe, que la fortalezca, y que esa fe nos haga volver siempre a los pies de Nuestro Señor, como aquél leproso.



2 comentarios:

zulia dijo...

Hoy, en especial, necesitaba leer una reflexion como esta. GRACIAS POR COMPARTIRLA CONMIGO! Que Dios los siga bendiciendo siempre....

Anónimo dijo...

Muy buena reflexión.
creer es obrar "como si"....
como si ya eso que se nos dice ya se hubiera realizado.... Es necesario dar el salto